jueves, 23 de noviembre de 2017

A que no hay huevos

OCTUBRE 2010

Llevo corriendo, con cierta asiduidad, dos meses. 
A mi bola. Que una semana apetece, salgo tres días. Que no apetece en toda la semana... paso. 

Pero ese día me llama un amigo. Un amigo que también corre. Pero que vive a 500 kms. Un amigo que ahora corre. Porque cuando nos hicimos amigos todo nuestro conocimiento atlético llegaba sólo a Larios. A la ginebra Larios, no al club de atletismo.

Pero mi amigo me llamó para ofrecerme un plan...
- ¿Nos vamos en marzo a correr la media maratón de París?
- Si acabo de empezar a correr, eso... ¿cuántos kilómetros son?
- 21... pero tienes para entrenar hasta marzo
- Pero 21 son muchos kilómetros...

Y entonces al otro lado del teléfono sonó la frase mágica... "¡¡A que no hay huevos de correrla!!"



NOVIEMBRE 2017

Cuánto daño hizo aquel ¡¡a que no hay huevos!!
Corrí París. Y me gustó y me enganchó. 
Sigo corriendo. 7 años, 11 maratones, muchas medias y un montón de carreras más.

Mi amigo ya no corre. Cambio de trabajo, cambio de vida, de hábitos... Ya sabéis. Pero sigue con atención el mundillo runner, desde la distancia. Y se asoma a las redes sociales a cotillearnos.

El otro día hablamos. Era el día después de la Behobia. Su whatsApp fue contundente
- Quiero correr Behobia

Pocas veces me he encontrado una respuesta puesta tan "a botes"...
- ¡¡A que no hay huevos de correrla!!


PD Tener cuidado con quién habláis, y a quién le decís eso de "¡¡A que no hay huevos!!"... Veremos como termina... Continuará. 

lunes, 6 de noviembre de 2017

Ya no queda casi nadie de los de antes...

¿Recuerdas aquella noche en la cabaña del Turmo?
Las risas que nos hacíamos antes todos juntos
Hoy no queda casi nadie de los de antes
Y los que hay, han cambiado…
 
 
No. Yo no empecé a correr un 20 de abril del 90. Con 16 años y pocos meses no tenía yo en la cabeza hacer mucho deporte, la verdad. Como mucho algún partido de fútbol los sábados tarde con gañanes como yo.... ¡¡Maldición!! Con este comentario podréis calcular mi edad...
 
Empecé a correr un día de agosto de 2010. Sí, un día de agosto. Ahí, con dos narices. Aunque para entonces ya había corrido una San Silvestre de Pamplona. Con más intención que acierto, ¡qué sofoco, por Dios!
 
Y no es por ser abuelo cebolleta, pero como ha cambiado el cuento en 7 años. ¿Cómo era eso del running pamplonés en 2010? No llegábamos a una carrera al mes y había tardes en las que en el parque, de 1.500 metros de cuerda, no te cruzabas con nadie. Pero nadie, de nadie.

Eso sí, cuando te cruzabas con alguno casi hasta nos sentíamos colegas. Hasta los más galgos del parque te saludaban, esos que se cruzan contigo a toda leche... Incluso en mi imaginario personal cada uno tenía nombre propio "el que corre nosecomo", "los calvos", "el que siempre sonríe", "la que me encontré en maratón Donostia". A veces pienso que  en su imaginario personal yo soy "el que siempre lleva gorra"... puede ser.

Luego llegó la burbuja, con su overbooking de corredores por los parques y carreras por las calles. Y era hasta difícil encontrarse con alguien conocido entre aquel mogollón... Bastante teníamos con hacer bonitas coreografías grupales para poder cruzarte y no chocarte, como para saludar.
 
Pero ahora, al menos en Pamplona, a la burbuja se le está poniendo tipín. Quitando dos o tres carreras al año, el running navarro adelgaza en volumen, después de varios años de vino y rosas. Casi todas las carreras caen en dorsales. Algunas estrepitosamente. Y eso se nota en el parque. Sales una tarde al parque, miras a tu alrededor y te das cuenta de que, "ya no queda casi nadie de los de antes, y los que hay, han cambiado"...
 
Por eso, la semana pasada, después de muchos meses sin verlo, volví a cruzarme en el parque con "ese que corre nosecomo". Me hizo ilusión saludarle de nuevo, y me dieron ganas de pararle y preguntarle eso de ... "Pero bueno, ¿tú qué tal? Di... Lo mismo hasta tienes críos"
 
Anteayer se disputó una de las carreras más multitudinarias de la ciudad. El domingo es la Behobia, otra de ellas. Ha llegado el frío y la lluvia, parece que para quedarse. El parque aguantará clientela, a duras penas hasta las San Silvestres. Después se vaciará. Un invierno más. En primavera será difícil repoblarlo... Pero seguiremos unos cuantos por allí, viviendo del recuerdo de las noches en la cabaña del Turmo. Y con ese recuerdo, seguiremos por allí los Novatillos, y ya puestos hasta igual preparamos un maratón para primavera de 2018.
 
 
Quien iba a decir que un grupo de Valladolid elegiría una borda de montaña en Huesca para su canción. Con ustedes, la cabaña del Turno

NOTA Y si ya no queda casi nadie de los de antes en mi parque, ni os cuento en la comunidad blogger... Una lástima que hayamos caído a la inmediatez del "like", con lo mucho que aprendí yo por aquí

miércoles, 28 de junio de 2017

Operación Cenicienta, o mi 4º San Fermín Marathon


Una perdida en el móvil,
¿cuándo habrá sonado que no me he dado cuenta?
Es 948, prefijo de Navarra.
No me suena ese número de teléfono.
No hago una rellamada....
"Si quiere algo, ya volverá a llamar"
 
A los días,
un correo electrónico.
San Fermín Marathon...
" No pudimos contactar contigo por teléfono...
¿quieres repetir de liebre de 04'15? "
Sin dudarlo, respondo. SI


Y ahí empieza "Operación Cenicienta"
Y, ¿qué es operación Cenicienta?.





Descubra las seis diferencias



Operación Cenicienta es entrenar un maratón como está mandado, pero más despacito. Es tener un plan y cumplirlo. Es meter cuestas, meter distancias, meter entrenos con calor, meter constancia... Operación Cenicienta es quemarte los hombros por correr 28km con camiseta de tirantes. Es volver a tener agujetas, es volver a ir al fisio o a cargar hidratos antes del día D. Es encadenar un viernes, un sábado y un domingo entrenando. Es, preparar maratón...


Porque el hada madrina te ha dado la opción de correr un maratón ayudando a los demás. Pero hay una condición. Llegar a meta para las 23.55 horas, 04.15 después de la salida.
 
Y así lo hicimos. El baile fue en un circuito a 4 vueltas. Más plano, más céntrico, más urbano. Más animado. Con alguna zona de ida y vuelta que se agradece.
 
 
 

Comienza el baile
 
 
1000 corredores en las dos primeras vueltas completaban la media maratón. El principio del baile. Ahí se organiza una grupeta numerosa. Muchos conocidos. Novatilla que completó su octavo maratón. Gente desconocida. Debutantes que te cuentan sus miedos, su inexperiencia... Incluso un galo, un tal JorgeDepe que igual les suene...
 
 
¿Es, o no es una gran foto?
 
 
Pasan dos primeras vueltas plácidas. Pendientes del reloj, de llevar el ritmo correcto. Mucha charla con César, "mi pareja de baile". Táctica, ritmos, "vamos lentos", "vamos rápidos", y sobre todo risas, muchas risas.

Pedazo de cachondeo en el paso por la ducha del km8
 
 
Pero en un par de horas cae la noche. Entonces sólo nos quedamos en carrera los 350 inscritos al 42k. Ahí llegan los silencios, los momentos de soledad acompañada. Pero de ahí también nacen buenos ratos, los cruces con Novatilla, los "aupas" del resto de corredores. El niño que te ofrece un vaso de agua cogido de una fuente. Los gritos de ánimo del público. Los avituallamientos con música y sonrisas. El pundonor de esa chica que debuta y nos acompaña un montón de kilómetros o el hachazo final que nos pega un corredor al que acabamos de sobrepasar y que baja de 04.15 de calle.
 
 
Silencio, liebres trabajando
 
El baile va llegando a su fin, y con él la "Operación Cenicienta". Tenemos que llegar a meta. Si no, la carroza se convertirá en calabaza, los caballos en ratones y todos los buenos ratos de alegría se convertirá en pena por no haber cumplido nuestro objetivo.
 
 

Liebres en Meta
 
 
Pero este cuento tuvo final feliz. Las liebres cumplieron y exactamente a las 23.55, llegamos esa impresionante meta que nos ofrece el interior de la plaza de toros de Pamplona. Eso sí, sin perder ningún zapato, que al precio que cuestan unas Adidas no está el tema como para andar perdiendo zapatitos.
 
 
Si hemos clavado tiempos se dice y no pasa nada
 
 
Y colorín, colorado,
unas cuantas manitas en este
San Fermín Maratón hemos chocado
 




jueves, 6 de abril de 2017

Bendito Twitter

Esta es la historia de un corredor, que se llama Juan, por ejemplo.
 
 
Juan vive en una ciudad al norte de España. Corre desde pequeñito. Corre mucho y compite poco y últimamente le ha dado por el maratón. Uno al año. No mucho más.
 
 
Pero ya el año pasado decidió que en 2017 se retiraba del maratón. Uno y no más. Uno, y me corto la coleta, pensó Juan.
 
 
Y Juan buscó un fin de semana que le encajara con su plan y encontró un maratón, al norte de Italia, en Milán. Pagó su inscripción. No era barata pero la pagó contento, aquella inscripción que sería la del último maratón de su vida.




Un día, allá por enero, aquella compañía barata de vuelos que le llevaría desde esa otra ciudad del norte a su último maratón retrasó el horario del vuelo del sábado. Ese que lo llevaba a su último maratón.
 

Casi a la vez, el maratón de Milán cambió el lugar de la feria, y de la recogida de dorsales. Y era más grande, más bonita y más amplia, pero estaba más lejos del aeropuerto ese a donde llegaban los vuelos baratos desde el norte de España.
 
 
Y, ¿qué pasó? Que con esos cambios Juan ya no llegaba a coger su dorsal. El dorsal de su última maratón. No podría correrlo, o debería correrlo sin dorsal. No tendría camiseta, no tendría medalla. ¡En su último maratón!... o peor aún, con un dorsal pagado, y bien pagado, tendría que pasar la vergüenza de ser un "sin dorsal".
 




Y esa noche, en su casa, Juan se lo contó a su mujer (que se llama María, por ejemplo) y que se había ofrecido a acompañarle junto con su hija.
 
 
María, mujer eficaz se puso manos a la obra, escribió a la carrera, al hotel, a la casa de España en Milán, al Facebook de la maratón... Pero nadie les aseguró que más allá de las 19.00h, la hora de cierre de la Feria del Corredor, podrían conseguir el dorsal... Y no podrían llegar antes de las 19.00h.
 
Y alguien les comentó que había en Twitter una chica con un Nick muy gracioso. Y también un tipo con una gorra fosforita que tenía pinta, por el Nick de ser su pareja.
 
A María no le sonaba de mucho Twitter. Bueno sí, más bien le sonaba mal. Le sonaba a noticias en la tele de tuiteros que insultan y que se ríen de lo que no deben. Y de jueces que leen Twitter, Y también de la palabra esa rara que sale arriba a la izquierda en los programas que María con Juan ve en la tele de casa.
 
Pero María, mujer valiente, pensó, es mi última opción, y escribió  a la chica del Nick gracioso y al chico de la gorra fosfy.
 
Y los chicos de Twitter contestaron.
Y se cruzaron teléfonos,
Y se cruzaron WhatsApps
Y se cruzaron correos
Y quedaron en un portal en mitad de Milán... eran más tarde de las 19.00h del sábado.
 
Y quedaron porque esos chicos de Twitter habían recogido el dorsal de Juan... Por que sí, porque ellos también corren maratones y saben lo que sería sentirse un sin dorsal, sin camiseta y sin medalla...
 
Y Juan corrió con su dorsal,
Y Juan tuvo su camiseta
Y Juan se ganó su medalla.
 
Y se cortó la coleta en Milán.
 
Y los chicos de Twitter desaparecieron como aparecieron, silenciosamente, sin pedir nada a cambio, sin escuchar esa cosa tan españolita de "cuando vengais a mi tierra os debo..."
 
De hecho, cuentan que los chicos de Twitter han borrado los teléfonos de Juan y María, y sus emails.
 
Mejor dejarlo así.
Bendito Twitter....
 

 
 
 
 
 
 








martes, 8 de noviembre de 2016

Mis grandes llegadas a meta...

Si te gustan los deportes, te gustan los finales reñidos. Esos finales en los que estás repantingado en el sofá y de repente, te ves de pie delante de la tele empujando, a uno o a otro. Yo, cuando veo deportes siempre quiero que gane uno. La imparcialidad no es lo mío. Eso debe ser cosa de suizos. Yo elijo quien quiero que gane, habitualmente por motivos totalmente disparatados, y me pongo a verlo. Me da igual que sea la final de un Mundial o primera ronda de un trofeo WTA 250 de Teletenis... No puedo ser imparcial. Total, casi siempre pierdo...
Por eso, recuerdo grandes rectas finales... Así a bote pronto, Gebreselassie y Tergat en los 10.000 de Sidney 2000, la llegada a meta del triatlón femenino en Londres 2012, Mare Dibaba en el mundial de maratón en Pekin 2005 entrando con otras dos corredoras, o esos sprints locos de Jonathan BrownLee vs Javi Gómez Noya...
 
Pero claro, el Novatillismo también tiene de sus finales fetiche... Esos sprints que al rememorarlos suena en tu cabeza música rollo “Carros de Fuego”, esprints en los que... en casi todos ellos, he terminado perdiendo...
Aquí va mi top5.

5.- El niño listo.
Octubre de 2010. Mi primera carrera. 7km. Sólo hace un mes y poco que corro . Voy “acongojado”. Salgo prudente y pronto adelanto a unos cuantos. Me relajo. Ya sé que no terminaré último... Mola. En el kilómetro 5 alcanzo a un niño de unos 9 años. La carrera la organizaba un colegio y el niño era alumno. Va justo, muy justo. Hiperventilando, arrastrando los pies... no lleva mal ritmo, pero se le ve cansado.
 
De pronto, nace en mi un Novatillo samaritano. Veo la situación. El anterior corredor va a unos 50 metros, el siguiente también. Pienso ¿y si me quedo acompañando al niño? Total para tirar para adelante y quedarme solo... Así lo hago. Adopto mi ritmo al suyo, voy hablándole, animándole, incluso le ofrezco agua...
 
Hasta ahí todo magnífico, hasta que giramos y entramos en la recta final, en el patio de su colegio, donde el niño, entre vítores y aplausos resurge cual ave Fénix, y me pega un adelantamiento que, no sé si pasará a la historia, pero al menos se merece estar en esta lista... No comentaré nada de cómo entra en meta Novatillo, cautivo y desarmado.
 
 
 
 
4.-Esta vez no me ganas.
 
Septiembre 2011. Una de mis pocas carreras de montaña. Un pueblo al lado de Pamplona. 8kms, Subir un poco, crestear, y bajada alocada. Al menos para mi.
 
A mitad de trayecto me encuentro con un compañero de colegio. Ese que aunque batiera mi marca siempre me ganaba en el test de Cooper. Ese que jugaba en el cadete, el infantil, el juvenil de Osasuna. Ese que además sacaba buenas notas. Ese que... había ganado un montón de peso (la apretada camiseta daba fe) y subía fatigosamente la cuesta.  
 
Como la venganza se sirve en plato frío, me emparejo con él, le saludo y hablamos. Él, en perfecta anaerobia gime diciendo que está entre los organizadores de la carrera, y que conoce el recorrido. Que me gustará.
 
Yo, y mis escasos 60kgs, nos despedidmos con un “tiro para adelante, luego nos vemos”... Sigo subiendo y cresteando, hasta que llega la cuesta abajo. Y yo que soy torpe, miope y miedoso (vamos la Santísima Trinidad del trail) empiezo a bajar con más cuidado que si llevara una bomba atómica en la mano... Y de pronto, veo pasar como una bala esa misma camiseta roja apretada, al grito de “hasta luegoooo!!!”. No sé si era la inercia de los kilos de más, o el conocimiento del terreno, pero me pegó una pasada que no hubo forma de recuperar en el plano final... y mira que lo intenté...
 
3.- Hay gente p’a tó.
 
Junio 2014. Carrera de fiestas en un barrio. 30 inscritos. Es fácil saber en qué puesto voy. Se han escapado 5 galgos por delante. A su rollo, de palique. Yo, que había cambiado ese día las series por ese 5.000 intento correr fuerte. A ver si no pierdo de vista a los galgos.

Pero el recorrido es un galimatías a tres vueltas. Un galimatías de giro a derecha, giro a izquierda, sube a la acera, baja de la acera... Aunque está bastante bien provista de voluntarios no consigo memorizar el recorrido, porque además en ese barrio no había estado nunca.
 
Quedarán 300 metros de carrera, y yo “aprovechando” que el voluntario no mira, me equivoco en un giro. Me paso de largo un cruce y me meto 15 metros mal por una calle. El voluntario me chilla y consigo volver sobre mis pasos... Mientras regreso veo al corredor que llevaba detrás. Lo veo venir y yo, iluso de mi, pienso “ya me ha visto pasarme de largo el cruce, me dejará pasar por delante”... El fair play del corredor, ya sabéis. Jajajaj. Para rato. El tipo, un habitual de las carreras locales y de cierta edad, aprieta el paso para llegar al cruce por delante de mi. Y esprinta, esprinta y esprinta hasta que en la meta final consigue arrebatarme ese 6º puesto que hubiese sido mío si no fuese porque... “hay gente p’a tó”
 
 

2.- El pódium da alas.
 
Septiembre 2016. Carrera en Pamplona. La típica que sale del Casco Viejo, baja al río y sube de nuevo al centro. 5 km.
 
Según pasamos el cartel de km1 alcanzo a una chica. Arrecia el viento. La chica se pone descaradamente detrás, tapándose el viento conmigo (que todo sea dicho con mi talla S poco tapo...) Si me muevo un poco hacia la derecha ella a la derecha, si voy a la izquierda, ella igual... Ni un relevo, ni siquiera ponerse codo con codo. Detrás, como si fuésemos por la vía del tren. Bueno, da igual, al menos hace compañía.
 
El recorrido es sencillo, un km tó p’abajo, tres kilómetros planos y un km tó p’arriba. Llegamos a los pies de la última cuesta, me mira y me pregunta por dónde va el recorrido. Yo, rollo paternalista le digo, “tranquila, que subimos esta y ya es plano”... En estas, una señora grita en el público, “vamos chavala, ¡¡qué vas segunda!!
 
La que lió la señora. Es nombrarle el pódium y esa camiseta naranja que intuía detrás me mete un hachazo descomunal, y cómo no, en la zona de más público... En meta me saca, tranquilamente 50 metros... Otra gran victoria moral, para el Novatillo. Hice de liebre de la segunda clasificada femenina.
 

5.- El que pudo haber sido y no fue.
 
Septiembre 2012. Pueblo al lado de Pamplona. 5kms ¡a cinco vueltas!
 
Buffff, en la salida no hay ni 30 personas. Entre ellos destacan un grupito de galgos, de esos de camisetillas de tirantes, pelo rapado y morenos. Mi único objetivo, no hacer mucho el ridículo.
 
Maldito recorrido.Subidas, bajadas, giros, viento, algo de lluvia... El pueblo es pequeño y si no se hacen muchas vueltas pequeñas se nos acaba el pueblo y acabamos en la carretera general. Me quedarían unos 300 metros para terminar la penúltima vuelta cuando oigo a un voluntario... “Ahí viene el primero”... Me giro. Viene. Vaya que si viene. Viene a toda leche.
 
Se me ocurre la típica idea friki. Que no me doble, que no me doble. Empiezo a esprintar como un loco, a todo lo que puedo. El tío me va recortando. Sigo dándole a tope y consigo cruzar la línea de meta antes que él. Parte del público piensa que nos disputábamos la victoria, pero yo huyo de allí como puedo para hacer, con pocas fuerzas, pero orgullo intacto, la última vuelta.
 
 

martes, 20 de septiembre de 2016

Haciendo estallar burbujas

"Devil came to me 
And he said: I Know what you need 
Devil came to me 
And he said you just follow me"


No es broma, pero la mejor sala de recreativos de Pamplona estaba en el sótano de una iglesia. Con sus billares y todo. En el sótano de una iglesia...


Y estaba hasta hace no tanto. Hasta un tiempo en el que Dover aún hacía música, y no como se llame lo que hace ahora. Si cierro los ojos, recuerdo aquella vetusta sala de videojuegos y veo a uno de mis amigos jugando a una "maquinita" de snowboard con el "Devil came to me" de Dover, sonando en bucle.


Tenía su punto que en los bajos de la una iglesia la música nos contara una conversación con el diablo...


Eramos más jóvenes, y Dover hacía música.


Nos gastábamos los cuartos en máquinas de deportes, de lucha o de coches. Pero había más máquinas. Por ejemplo, las de reventar burbujas. Eran unas máquinas, más "de chicas". A nosotros, que íbamos de machotes de principios de los 90, eso de reventar burbujas nos parecía una moñada, pero tenía su público. 


El Puzzle Bobble Arcade, un clásico de entonces


Ahora, los cuarentones a los que nos da por vestir con lycras de colores estamos asistiendo al estallar de otra burbuja. Al menos aquí en Navarra. La burbuja runner


Aquella que alimentó decenas de carreras sin alma, varios cientos de grupos de corredores populares, miles de blogs malos, como este, millones de artículos en revistas ¿especializadas? sobre "Corra su mejor 10k" e incluso un libro en el que alguien... que supongo lo dice en serio... afirma que "Correr es vivir a tope de power".


Se nos está acabando el power señores


En mi parque sigue habiendo corredores. Casi a cualquier hora. Pero son corredores que yo llamo recreacionales. Correr les gusta, les hace sentirse bien, les da la satisfacción de hacer ejercicio o de perder peso.


Pero la burbuja ha estallado en las carreras. El bajón de venta de dorsales es alarmante, para los organizadores, y lógico para quien lleve algo de tiempo en este negocio. Como muestra, aquí están llegados a meta de tres de las carreras más emblemáticas en Navarra. 



¿Otro ejemplo? La Behobia San Sebastián, aquella carrera que hace 3 años vendió todo en 24 horas, y que hace dos años lo hizo en 7 días, cerrará el jueves inscripciones "comiéndose dorsales". Y así muchas otras...


Está estallando la burbuja, señores. Pero sobreviviremos. Somos una generación curtida. Si sobrevivimos a la burbuja de las tiendas de telefonía móvil, a la de los locutorios, a la de los "compro oro", a la de los yogures helados, a la de los cigarrillos electrónicos y a la más reciente de los centros de electroestimulación... Os juro que de esta también saldremos...


Yo mientras tanto, me voy a comprar un par de dorsales este fin de semana, que uno es un #tontomotivado, con burbuja o sin burbuja...






lunes, 12 de septiembre de 2016

Empujando árboles, como queriéndolos arrancar de raíz.

Y aún no sé muy bien por qué.
 
Llevaba un año haciendo deporte con continuidad. Por fin con continuidad. Que si gimnasio, que si spinning, que si cinta, incluso en un momento de locura transitoria me había apuntado a la San Silvestre local, que conseguí terminar con mucha menos dignidad de la prevista.
 
Y pasó ese año y llegó el verano. ¿A quién se le ocurre ponerse a ello en verano? Pero claro, con el tiempo libre a uno se le ocurren locuras. Y que ese día hacía calor, demasiado calor.
 
Desde niño había visto que en mi parque había unos señores que, salían a correr, y después empujaban árboles. Y yo quería ser uno de esos. Parecía sencillo. Correr y empujar árboles, correr y empujar árboles, como queriéndolos arrancar de raíz.
 
No me refiero exactamente a esto...
 
 
Mi hoja de Excel (*) dice que fue un 5 de agosto, y que fueron unos cinco mil metros. Cinco mil metros de mal recuerdo... Qué angustia. Con el corazón en la boca. Corriendo como si me persiguiera alguien...
 
Pero aún es más incomprensible pensar qué me llevo a volver a correr otro día. Doce días después.
Y otro día
Y otro...
 
Y aquello de apuntarme a aquella carrera en septiembre, fue “el error definitivo”. No me quedé el último, como suponía. Incluso disfruté, en anaeróbico, y perdiendo el resuello, pero disfruté. La semana que viene harán 6 años de aquello...
 
Y a partir de ahí, la bola de nieve siguió deslizándose por la ladera, a toda velocidad. Y aún sigue en ello...
Por eso aquí estamos, o aquí seguimos...
 
Después de miles de kilómetros.
Después de cientos de entrenamientos.
Después de decenas de carreras.
Después de nueve maratones.
Después de 6 años tras aquel día de verano.
 
Aquí seguimos... siendo uno de esos señores que corren, y después empujan árboles, como queriéndolos arrancar de raíz.
 
 
(*) Sí... apunto mis entrenos en una hoja de Excel... ¿y qué pasa?